El tiempo circular en García Márquez

Gabriel García Márquez en 1988

Escrito por Marisa E. Martínez Pérsico

EN TORNO AL NARRADOR

En la novela Cien años de soledad (1967) el narrador en tercera persona omnisciente emplea un tono familiar, que disminuye la distancia entre el lector y él; esto le sirve para otorgar verosimilitud a sucesos más alejados de la realidad.

El narrador es imparcial y objetivo: jamás manifiesta una opinión. Simplemente se limita a narrar los hechos con naturalidad, sin ostentar tecnicismos narrativos. Parece ajeno a lo narrado y ayuda a transmitir la sensación de carencia de límites entre lo real y lo imaginario.

LA RUEDA GIRATORIA DEL TIEMPO

En esta novela, los hechos y las personas se reiteran permanentemente, como diría el filósofo Nietzsche: se trata de un “eterno retorno”, de un devenir cíclico en que los individuos reinciden en las mismas actitudes. También se repiten los nombres de los antepasados, aplicados a los nuevos descendientes. Esto genera la sensación de que la estirpe Buendía está siempre en su “punto cero”.

Como indica Serrano Redonnet, “en el libro no hay indicaciones temporales precisas. Sin embargo, la variedad y la multitud de episodios no atentan contra la idea de un tiempo paradigmático, no registrable en medidas terrenas, sino que apuntan a subrayar su sentido simbólico, en cuando el tiempo de la obra es representativo del tiempo de la humanidad sobre la Tierra”.

EL SENTIDO DEL PARATEXTO. TÓPICOS.

El título Cien años de soledad alude al sentimiento de desamparo que afecta a los personajes de la novela. Esta “soledad” surge de la falta de amor solidario. Como ejemplo, baste mencionar a Úrsula Iguarán, quien a pesar de haber sido una abnegada madre de grandes virtudes domésticas concluye sus días consumida por la ceguera, decrépita y sola.

Sin embargo, el mejor ejemplo es el del coronel Aureliano Buendía. Éste decide trazar un círculo de tiza a su alrededor para que nadie se le acerque demasiado. Desde entonces, el personaje estará perdido para siempre y alejado de todo contacto humano.

LA CONSTRUCCIÓN DE LOS PERSONAJES

El carácter de los personajes se repite estructuralmente. La primera pareja (Úrsula Iguarán y José Arcadio Buendía) consuma una relación marital entre primos, mientras la última pareja también repetirá este vínculo (Amaranta Úrsula y Aureliano IV).

Además, los dos hijos varones de la primera pareja tienen una personalidad semejante a la de los hombres de su familia que luego recibirán sus mismos nombres. Lo mismo sucede con los personajes femeninos. Este recurso subraya la característica cíclica del tiempo novelesco, ya que el linaje se repite en un juego de espejos.

Melquíades adquiere cualidades atribuidas a personajes de obras clásicas anteriores; se asemeja a Fausto (por su capacidad de rejuvenecimiento), a Lázaro (por su capacidad de resucitar), a Nostradamus (gracias a sus artes adivinatorias y mágicas) y a Prometeo. Sin embargo, su papel más relevantes es el de adivino o profeta. Escribe la historia de los Buendía y predice la destrucción del pueblo y de la estirpe: “El primero de la estirpe está amarrado en un árbol y al último se lo están comiendo las hormigas”. Esto es lo que sucede al final de la novela.¨

 

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