García Márquez, un mago en el Caribe

Gabriel García Márquez en méxico, 1981

Escrito por Marisa E. Martínez Pérsico

Protagonista del boom latinoamericano y uno de sus novelistas más leídos, este colombiano logró el milagro de exportar el imaginario de su cálido y amado Caribe natal al resto del mundo. Hay quienes afirman que su novela Cien años de soledad (1967), consagrada por su calidad literaria y por su repercusión entre lectores de todas las latitudes, puede ser considerada como el Quijote del siglo XX.

Siempre comprometido con la problemática social del continente, desafió las nórdicas reglas del protocolo sueco al presentarse, en 1982, a recibir el Premio Nóbel de Literatura vertido con una simple camisa de lino o guayabera, tradicional de su soleado país.

Sin duda, su imaginación ilimitada y su exuberante estilo le permitieron mostrar la realidad latinoamericana, respetando su historia, sus mitos y sus códigos, con una lógica particular, que consiste en relatar con la más absoluta naturalidad sucesos completamente inverosímiles. Esta es la clave poética del Realismo Mágico.

García Márquez construyó un espacio literario muy afín al de su infancia, el pueblo de Macondo, donde conviven las tensiones sociales y la violencia política propias de América Latina con una atmósfera mágica y mítica, en donde las persecuciones y los fusilamientos alternan con lluvias de flores e invasiones de mariposas amarillas.

Acerca de la creación de este mágico territorio, el autor considera que los mejores aliados fueron sus abuelos, que nutrieron su mente infantil con magníficas leyendas y con antiguos mitos caribeños. De sus años de estudiante universitario y periodista en Bogotá, rescata el peso de las lecturas del checo Franz Kafka (1883-1924), del irlandés James Joyce (1882-1941) y de la inglesa Virginia Woolf (1882-1941) por su técnica narrativa y se declara admirador de la obra del norteamericano William Faulkner (1897-1962), por su manejo de la temporalidad narrativa y la creación de un universo literario propio. Para Ángel Rama, la literatura de García Márquez realiza un proceso de intercambio cultural, llamado transculturación, entre las técnicas narrativas modernas y el imaginario tradicional.

Los personajes que habitan sus relatos soportan las recurrentes lluvias y sequías, las plagas y las guerras con una resignada clarividencia; viven intensos amores y odios en medio de trágicos presagios y maleficios terribles sin asombros ni rebeldías. Aceptan estos vaivenes de la naturaleza, la historia y la vida, como cíclicos juegos de un destino inexorable.

Si bien el escritor nunca ha definido teóricamente su estética, en numerosas entrevistas ha explicado este procedimiento de hacer creíble lo increíble: “Cuando estaba escribiendo el episodio de Remedios la Bella [Cien años de soledad] ascendiendo al cielo, me llevó mucho tiempo hacerlo creíble. Un día salí al jardín y vi a una mujer que venía a casa a lavar; estaba tendiendo las sábanas a secar y había mucho viento. Se peleaba con el viento para que no le volara las sábanas. Descubrí que si usaba las sábanas para remedios la Bella, podía hacerla ascender. Y así lo hice para que fuera creíble.”

Respecto de la recepción de su obra, ha declarado: “Siempre me divierte que se elogie tanto mi obra por ser imaginativa, cuando en verdad es que no hay una sola línea que no tenga una base real. El problema es que la realidad del Caribe parece desenfrenadamente imaginaria”.¨

Adaptado de Literatura 3, argentina y latinoamericana (2001) Buenos Aires: Editorial Puerto de Palos.

 

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