Borges, el amor y Perón

Jorge Luis Borges en la Biblioteca Nacional de Argentina

Escrito por Marisa E. Martínez Pérsico

CANTO A ESTELA

Quien pasó a la posteridad como el auténtico amor no correspondido de Jorge Luis Borges es, sin duda, Estela Canto. Ambos se conocieron en el año 1944; a partir de ese momento, el escritor se enamoró profundamente de ella. Nos ha llegado una carta dirigida a su querida en el año 1945:

“A pesar de dos noches y de un minucioso día sin verte (casi lloré al doblar ayer por el Parque Lezama) te escribo con alguna alegría. Le avisé a tu mamá que tengo admirables noticias; para mí lo son y espero que lo sean para ti. El lunes hablaremos y tú dirás. Pienso en todo ello y siento una especie de felicidad; luego comprendo que toda felicidad es ilusoria no estando tú a mi lado. Querida Estela: hasta el día de hoy he engendrado fantasmas; unos, mis cuentos, quizá me han ayudado a vivir; otros, mis obsesiones, me han dado muerte. A éstas las venceré, si me ayudas. Mi tono enfático te hará sonreír; pienso que lucho por mi honor, por mi vida y (lo que es más) por el amor de Estela Canto. Tuyo con el fervor de siempre y con una asombrada valentía, Georgie”.

Es Estela Canto quien, cuando Borges publica en 1949 su famoso libro de cuentos El Aleph, se ofrece a reseñarlo en las páginas de la Revista Sur, de la siguiente manera:

“Con Borges entramos en el terreno del sueño y del mito (nunca de la novela policial, como alguna vez quiso hacernos creer presentándonos una de sus mil máscaras). En estas leyendas de Borges no hay, en el fondo, nada artificioso, o construido, o meditado. Es verdad que ha meditado la forma, es verdad que ha construido delicadamente las frases, pero los motivos centrales de sus relatos, las complicaciones que imagina responden a ciertos anhelos espontáneos, eterna y angustiosamente humanos”.

El Aleph perfeccionó la brillante etapa narrativa iniciada con Ficciones. Los intereses literarios rondan las exóticas coincidencias y sorprendentes simetrías, la búsqueda de identidades, las historias aparentemente opuestas pero complementarias, la inmortalidad, las simbologías del tigre y del laberinto, los significados polisémicos de las palabras e incluye la elaboración de un hipertexto: reelaboración de uno de los cantos de La vuelta del Gaucho Martín Fierro, que Borges despliega en su cuento “Biografía de Tadeo Isidoro Cruz”.

Unos años antes, en 1946, Borges había vuelto a escribir en colaboración con Adolfito Bioy Casares. Ese año había publicado Un modelo para la muerte (rubricado bajo el lema B. Suárez Lynch, nueva conjugación de apellidos familiares) y Dos fantasías memorables (otra vez bajo el seudónimo compartido H. Bustos Domecq). Cabe destacar que ese mismo año el escritor coordina la revista Los Anales de Buenos Aires, donde se presenta “Casa tomada” –primer cuento que Julio Cortázar da a conocer públicamente– y anticipa narraciones propias que serían incluidas en El Aleph, como la reelaboración creativa del mito de Teseo y Ariadna en clave alegórica: “La casa de Asterión”.

BORGES ¿INSPECTOR DE AVES?

A partir de las elecciones del 24 de febrero de 1946, Juan Domingo Perón accede al poder. A Borges se le impone un cambio de funciones: le ordenan que preste servicios en la policía municipal y que abandone su puesto de bibliotecario. Pero, lógicamente, se niega a desempeñar la función encomendada: se lo nombra “Inspector Municipal de Aves” a pedido del inspector Emilio Siri. Una tarea ridícula y denigrante para la trayectoria artística del autor.

Las diferencias de Borges con la ideología peronistas son insalvables, y de largo alcance. Por estas épocas, nuestro autor manifestaba:

“Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad; más abominable es el hecho de que fomenten la idiotez.”

Para ganarse la vida, el autor deberá superar su timidez y dedicarse a ofrecer cursos y conferencias. En 1947, publicará su siguiente ensayo: Nueva refutación del tiempo

 

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