Cuba, Cortázar y la política

Julio Cortázar y un hábido irrenunciable

Escrito por Marisa E. Martínez Pérsico

UGNÉ. LA REVOLUCIÓN.

Julio continúa su “existencia ambulante”, poblada de viajes. Significativa para su vida sentimental y literaria resultó su visita a Cuba, en el año 1962. Conocer de cerca la causa de la Revolución Cubana resultó una vivencia determinante, a partir de la cual se promulgó fiel seguidor de la ideología socialista. Dedicó su relato “Reunión”, escrito en 1965, al Che Guevara, mientras en el año 1966 expresó su adhesión pública al combate por la liberación de Latinoamérica.

Un año más tarde, en otro de sus numerosos viajes a Cuba, conoce a quien será su segunda mujer: Ugné Karvelis, mujer lituana altamente politizada que convive diez años con el escritor en París. El primer encuentro de ambos es recordado por la tempestuosa Ugné de la siguiente manera:

“Fue en la Habana donde encontré al otro Julio, ése al que yo acompañé durante tantos años. Era en enero de 1967: yo había sido invitada por la Casa de las Américas y descubría con pasión la revolución cubana. Acorazada tras mi ejemplar de Rayuela, terminé por lanzarme al asalto del gran hombre, interponiéndome entre él y el mostrador de la recepción en donde iba a depositar su llave. ¡OH sorpresa!: me invitó a un mojito”
 

CON CHILE Y NICARAGUA

Junto a Ugné, Julio concurre en el año 1971 al ascenso al poder de Salvador Allende, en Chile. El motivo que esgrime Cortázar para asistir al evento es “la obligación más elemental de un escritor preocupado por la causa del socialismo” que se trata de “manifestar personalmente su solidaridad con esa grande y difícil experiencia que empezaba en un país del cono sur de América Latina”.   

Dos años más tarde cede los derechos de El Libro de Manuel solidarizándose con los presos políticos de la Argentina. Afín a sus intereses sociales, escribe el ensayo intitulado “El intelectual y la política en Hispanoamérica”, en el que afirma lo siguiente:

“Sé muy bien que mis lectores no se contentan con leerme como escritor, sino que miran más allá de mis libros y buscan mi cara, buscan encontrarme entre ellos, física o espiritualmente, buscan saber que mi participación en la lucha por América Latina no se detiene en la página final de mis novelas o de mis cuentos (...) Creo que la responsabilidad de nuestro compromiso tiene que mostrarse en todos los casos en un doble terreno: el de nuestra creación, que tiene que ser un enriquecimiento y no una limitación de la realidad; y el de la conducta personal frente a la opresión, la explotación, la dictadura y el fascismo que continúan su espantosa tarea en tanto pueblos de América Latina.”

 

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