Vargas Llosa visita a Faulkner

La mirada de Mario Vargas Llosa

Escrito por Marisa E. Martínez Pérsico

Entrevista de Raymond L. Williams (autor de Vargas Llosa: Otra historia de un deicidio, Taurus, 2001)

A inicios de su campaña política (1987) Mario Vargas Llosa hizo un viaje a los Estados Unidos. Allí cumplió una de sus más deseadas peregrinaciones literarias: visitar la casa-museo de William Faulkner en Oxford (Mississipi). El novelista de "Desciende, Moisés", "El sonido y la furia", "Mientras agonizo" es, con Gustave Flaubert, uno de los modelos inalcanzables de Mario Vargas Llosa, que evoca aquí lo que significó para su obra y su generación en una extraordinaria entrevista, inédita en nuestro país, que nos presenta la verdadera cara (demasiado oculta por la política) de un escritor que estimamos, con todas sus contradicciones y su relación de amor-odio con el Perú.

 Durante su estancia en el Medio Oeste, usted demostró mucho interés por realizar este viaje. Ahora que ya lo concluyó, ¿cuál fue para usted el mejor momento?

Me conmovió mucho la tumba de Faulkner, la gran austeridad de la tumba. En realidad, no había ninguna indicación de que allí estuviera enterrado un gran hombre. Además, todo el paisaje de la zona de Oxford es muy bello. Es verdad que es un sitio hermoso: sus árboles, sus casas. Es probable que no haya cambiado gran cosa. Puede verse mucho que está como en tiempos de Faulkner. 

Como sabe, soy muy fetichista con los escritores: me conmueve mucho ver sus libros, sus manuscritos, los otros objetos. También me impresionó mucho el que, a diferencia de lo que suele suceder, en Oxford, y sobre todo cuando ves la Corte, las casas, ves cuán cerca de la realidad está la ficción. Fue una experiencia maravillosa.

Desde luego, es muy difícil explicarlo así, de pronto, pero para mí el momento más enternecedor, más conmovedor, fue cuando la pareja holandesa dijo: "Estamos aquí porque lo leímos a usted. Hemos leído sus novelas. Decidimos comenzar a leer a Faulkner tras leer en el periódico los comentarios de usted sobre él".

Después de visitar estos lugares, ¿ha cambiado de opinión con respecto a Faulkner como hombre?

Tal vez sea muy pronto para decirlo. Probablemente la verdadera revelación fue lo que Frederick Karl nos dijo acerca de Faulkner y la bebida. Sabía que bebía mucho, pero nunca pensé que tanto. Ahora mi admiración por él es incluso mayor: si bebes tanto, ¿cómo puedes crear un mundo tan vasto y complejo? ¿Cómo le es posible a una mente totalmente impregnada por el alcohol manejar tal número de detalles y crear con tal coherencia? Por otra parte, la imagen que Fred Karl nos dio —de Faulkner bebiendo solo— es trágica.


FETICHISMO Y FORMA

 ¿Leyó la biografía escrita por Joseph Blotner?

Sí, leí el libro canónico de Blotner. Una visita como ésta te da probablemente un panorama de las cosas mucho más visual y emotivo. Como escritor, siempre me gusta obtener toda la información posible sobre la vida de los autores. Creo que es puro fetichismo, tal vez un intento inconsciente de contaminarme, de infectarme de ellos.

¿Cuándo leyó por vez primera a Faulkner? ¿Fue una lectura tan dramática como la que —según contó usted mismo— hizo de Madame Bovary?

Lo recuerdo bien. Fue en 1953, durante mi primer año en la Universidad de San Marcos, en Lima. El primer libro fue ¡Absalón! ¡Absalón! También leí muy pronto los cuentos de Esos trece. En aquellos días leía a Faulkner en las traducciones españolas y francesas. Las traducciones al francés de Maurice Coindreau eran maravillosas. Era un gran traductor. Leí su excelente versión de Santuario, con prefacio de André Malraux.

De inmediato me impresionó el genio de Faulkner. Creo que sólo entonces descubrí la importancia de la forma en la literatura. Faulkner me mostró cómo eran absolutamente esenciales una cierta organización del tiempo y del punto de vista, pues determinaban si el texto era sutil y ambiguo o torpe y superficial. Descubrí cómo la propia forma podía ser un personaje o un tema de la novela. Lo que recuerdo muy bien, y es importante señalarlo para comprender mi relación con Faulkner, es que fue el primer escritor a quien leí con una pluma en la mano y un papel al lado del libro.

 ¿Qué significa eso de "leer con la pluma en la mano”?

Sí, buscaba una línea de guía, una estructura. Por aquella época ya escribía un poco, y leer a Faulkner me abrió los ojos a la invención formal. Y fue una idea que me excitó mucho. Además, Faulkner me dio la convicción firme de que un argumento siempre iba acompañado de una forma. No puede descuidarse el argumento. La forma no puede ser en sí una meta, un fin. Pienso que la ficción debe incluir siempre la experiencia humana. Como puedes ver, sigo siendo muy leal a la idea que de la novela tenía Faulkner.

¿Usted llegó a Faulkner tan obsesivamente como a Flaubert?

No del todo, pues al principio no podía leerlo en inglés. Comencé a leer a Faulkner en inglés por 1962 ó 63, con la traducción francesa al lado. Pero Faulkner es un escritor que jamás he dejado de leer. Lo releo todo el tiempo. Creo que he leído Luz de agosto por lo menos media docena de veces. Ese pasaje soberbio en que Hightower predica y mezcla la Biblia a su sermón, y la castración de Joe Christmas están hechos extraordinariamente bien. Faulkner y Flaubert son los escritores que he leído y releído más.

Además de la tumba de Faulkner, visitó la de Flaubert. ¿Este mismo homenaje lo tiene pendiente con algún otro escritor?

Les debo mucho, y me siento cercano a ellos. No siento la necesidad de hacerle este tipo de homenaje a ningún otro escritor, incluso a alguien como Hugo, a quien admiro tanto.

 ¿Piensa que Faulkner es el escritor extranjero que más ha influido en los autores hispanoamericanos?

Podría afirmarse tal cosa. Quizá Hemingway fue el otro escritor comparable en esto. Sin embargo, no creo en verdad que haya perdurado tanto como Faulkner. Incluso diría que Faulkner ha sido el escritor más importante en Europa y América Latina en los últimos cuarenta o cincuenta años.


OPRESORES Y OPRIMIDOS

¿Tiene tanta importancia en la literatura de su país?

En Perú fue muy importante para mi generación. Carlos Eduardo Zavaleta, por ejemplo, escribió una tesis sobre Faulkner. En Perú tradujeron y publicaron El fauno de mármol. Incluso Arguedas, menos faulkneriano que la mayoría de los otros, tiene algunas huellas de Faulkner. Sin embargo, Uruguay y Argentina son los países donde la sombra de Faulkner ha estado más presente.

 ¿Cree que el ámbito referencial del que habla Faulkner en sus novelas podría tener relación con algún otro hispanoamericano?

Sí, es un elemento importante. Ambas sociedades son muy similares porque tienen dos culturas básicas: la del opresor y la del oprimido, que siempre están chocando, creando siempre tensiones. Es una coexistencia difícil. Además, la presencia del
pasado es algo de mucha importancia en América Latina y en el Sur de Faulkner. Es un fenómeno que, por ejemplo, no se da en la parte oriental de los Estados Unidos.

El de Faulkner es un mundo tradicional, exactamente como la sociedad peruana o la colombiana. La estructura de clases es totalmente latinoamericana. Y Faulkner inventó una herramienta técnica para darle vida a este mundo. Esa invención fue muy importante para nosotros, los escritores latinoamericanos que buscábamos un instrumento para hacer lo mismo. Se necesita tener una especie de ingenuidad, muy típica de esas sociedades, para atreverse a intentar ser el Balzac del siglo XX.  Esto fue muy importante para muchos escritores latinoamericanos.

 ¿Cuál es, de entre todas sus novelas, la que considera más interesante?

Luz de agosto es probablemente el libro que prefiero. No obstante, pienso que el total de la obra de Faulkner supera cualquiera de sus libros por separado. Por ejemplo, una novela débil, como Mosquitos, se vuelve más interesante cuando se la ve en el contexto de la obra completa.

En Mosquitos el joven Faulkner intentaba ser más un intelectual que un creador, escribir más con las ideas que con el instinto. Fracasó, y creo que el fracaso le resulto muy instructivo. Comprendió que debía regresar a su propia tierra. Tal vez Oxford le resultó una especie de prisión, pero quedarse allí fue el precio que pagó por escribir obras maestras. Todo esto me resulta muy interesante.

ODIO Y NECESIDAD

¿Podría pensar lo mismo del Perú?

En algunos aspectos. A veces odio el Perú, pero sé que aunque lo odie lo necesito. Lo sentí cuando estuve en Europa. Supe que si no regresaba a Perú, me acabaría. A diferencia de otros escritores —como Cortázar—, Perú me estimula, incluso con todos sus problemas.

¿Qué le parece El sonido y la furia?

Es un libro que amo mucho, aunque no sea una obra maestra. Aquí se rompe el equilibrio entre forma y contenido. De vez en cuando, la forma predomina sobre lo que se dice. A diferencia de lo ocurrido en Luz de agosto, en El sonido y la furia Faulkner se acerca a los peligros de Joyce, a quien derrotó su indulgencia con la forma. 

Pero, de esa novela, algo como la sección de Benjy debió ser muy impresionante para un escritor joven.

Bueno, sí es muy impresionante descubrir que se está entrando en la mente de un idiota. La primera vez que la leí estaba confuso y excitado. Pero creo que aquí Faulkner se permite excesos formales.

¿Corre con mejor suerte Mientras agonizo

Definitivamente. Aquí la forma es consistente con la historia. 

 Noto algunas similitudes entre Una rosa para Emily y algunos de sus cuentos iniciales. ¿Piensa que ese relato fue una especie de modelo para el Vargas Llosa adolescente?

Pienso que pudo ser una especie de modelo. La he leído muchas, muchas veces, y en cada una de ellas quedé impresionado por su concentración extraordinaria, su modo de sintetizar tanto en tan poco. Debió ser sumamente difícil contar ese melodrama terrible en tan pocas páginas. Pero se lo narra de manera tan indirecta, que una vez descubierto lo que en realidad ha sucedido, es demasiado tarde. Es una de las obras maestras de Faulkner.

Lo que más me impresiona en esta narración no es sólo la anécdota del crimen cometido por la adorable señorita Emily, sino al mismo tiempo la historia del pueblo en el que la dama vivió su aventura de amor y su matrimonio macabro con el cuerpo del amado. De hecho, en el texto, literalmente se ve el fluir del tiempo, a la pequeña aldea crecer y a sus habitantes envejecer. El telón de fondo de la historia es —como tantas veces en Faulkner— tan importante como la anécdota misma.


BOA Y BENJY

¿Piensa que habría podido escribir las primeras novelas, La ciudad y los perros, La Casa Verde y Conversación en La Catedral, de no haber leído a Faulkner?

Lo dudo mucho. De no haber leído a Faulkner no las habría escrito, o al menos no del modo en que lo hice. Como ya lo mencioné, Faulkner fue el primer escritor que leí con una pluma en la mano y un papel al lado. 

¿Cree que la presentación de Boa en La ciudad y los perros tiene su origen en la lectura de la sección de Benjy en El sonido y la furia?

Es muy posible. Al menos respecto al hecho de que decidí presentar al personaje consistentemente desde dentro, mediante su mente, sus apetitos, sus instintos. Es probable que lo hiciera así por haber leído la presentación de un personaje como Benjy. 

 ¿Y qué me dice de las secciones Piura en La Casa Verde? ¿Cree que este estilo tan diferente pueda ser atribuido también a Faulkner?

Pienso que viene de distintas fuentes. Una, las novelas de caballería. También el cine. En esas secciones utilizo deliberadamente un lenguaje épico. Quería que esa parte de La Casa Verde quedara distanciada del lector. Viene a él desde un intermediario, la ciudad. Pienso que aquí tengo el derecho de permitírmelo. 

 ¿Cree que había agotado a Faulkner en el momento de completar Conversación en La Catedral?

Visto en retrospectiva, pienso que cuando terminé Conversación en La Catedral alcanzaba un punto donde descubrí que la invisibilidad era una meta más deseable de lo que había sido antes.


PECADO Y MATRIMONIO

¿Ya no se interesaba por la forma?

Ya no me interesaba en el propósito de exhibir la forma en sí. Ahora sé que la claridad puede ser mejor que la dificultad, y a la vez contar una historia que valga la pena. Es una lección que aprendí con la experiencia, tal vez comparable a la de necesitar un amorío pecaminoso para ser capaz de apreciar un buen matrimonio.

¿Es Faulkner el único escritor norteamericano que ha influido en su obra?

Melville. Lo leí con enorme admiración. También Poe. Y toda la generación perdida: Hemingway, Dos Passos, Caldewell Steinbeck. En los sesenta releí a Hawthorne con un grupo de amigos. Siempre me mostré un poco impaciente con Henry James. Leí con gran placer los primeros libros de Capote. Siempre me ha admirado que no se le haya dado más reconocimiento a Paul Bowles. Escribió algunos cuentos que considero muy buenos. Y me gusta Carson McCullers... muy sutil, delicada y con una gran sensibilidad para la violencia de las relaciones humanas.

Alguna vez leí a un crítico, Edmund Wilson, con gran pasión. Pienso que su ensayo A la estación de Finlandia es como una gran novela. A mediados de los sesenta estaba tan impresionado con Edmund Wilson que por seis meses fui al Museo Británico, día tras día, para leerlo.

Me gustaría terminar con una última pregunta sobre Faulkner. ¿Recuerda su reacción cuando supo de su muerte?

Sí, estaba en Londres y lo leí en The Times. Allí leí, una mañana, que Faulkner había muerto. Desde aquella mañana siempre quise venir al Sur y visitar Oxford. Ya lo hice. Y ha sido una experiencia maravillosa.

 

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