El regreso a Chile

Pablo Neruda

Escrito por Marisa Martínez Pérsico

Hacia el año 1952, la dictadura de González-Videla se encontraba en su último aliento, debilitada por escándalos vinculados a la corrupción estatal. El Partido Socialista chileno venía preparando la candidatura de Salvador Allende para las elecciones presidenciales de septiembre de 1952 y quería contar con la presencia de Neruda –a quien se consideraba el representante de la ideología izquierdista más prominente de Chile– para apoyar su campaña.

Neruda regresó a su país natal en agosto de ese año y se encontró con su esposa Delia del Carril, que había viajado algunos meses antes que él, pero el vínculo amoroso se desgastaba cada día más. Fue cuando Del Carril se enteró que Neruda estaba manteniendo un tórrido romance con Matilde Urrutia y cortó la relación en el año 1955, mudándose nuevamente a Europa.

Neruda, desde entonces unido a Matilde Urrutia –a quien le dedicara sus famosos sonetos de amor– pasó el resto de su vida en Chile, aunque efectuó numerosos viajes al extranjero.

Ya consagrado, gozaba de renombre mundial como poeta y sus libros eran traducidos a muchísimos idiomas. También participó de discusiones políticas del momento y denunció vigorosamente la participación de Estados Unidos durante la crisis de los misiles en Cuba; posteriormente volvería a condenar a este país por la Guerra de Vietnam. Sin embargo, siendo uno de los más prestigiosos opositores al imperialismo, también recibió duras críticas de intelectuales contemporáneos.

En el año 1964 fue nominado al Premio Nóbel, finalmente concedido a Jean Paul Sartre.

Hacia el año 1966, se lo invitó a asistir a una conferencia de PEN Internacional en Nueva York. Intentaron impedirle la entrada al país por ser comunista, pero el organizador de la conferencia –el dramaturgo Arthur Miller– logró tramitarle una visa, superando los obstáculos generados por el propio gobierno. Neruda ofreció sus lecturas en diversos ámbitos norteamericanos y donó poemas a la Biblioteca del Congreso. 

Más tarde, Miller opinó que la adhesión de Neruda a sus ideales comunistas de los años ´30 era el resultado de su prolongada exclusión de la “sociedad burguesa”. Dada la presencia de tantos intelectuales del Bloque Este en la conferencia de PEN Internacional, el escritor mexicano Carlos Fuentes escribió más tarde que ese evento había marcado el principio del “fin de la Guerra Fría”.

Antes de regresar a Chile, Neruda pasó por Perú, donde ofreció lecturas y disertaciones a multitudes entusiastas en las calles de Lima y Arequipa, y fue recibido por el presidente Fernando Belaúnde Terry. Sin embargo, su visita incitó un contragolpe desagradable. El gobierno peruano venía haciendo frente al gobierno castrista en Cuba. Por eso, la visita fue tomada como una traición: en julio de 1966, la venganza contra Neruda se mostró bajo la forma de una carta firmada por más de cien intelectuales cubanos que acusaron a Neruda de aliarse al enemigo, dando uno de los tantos ejemplos de “tibio revisionismo pro-yanqui”, por entonces frecuente en América latina.

Este asunto resultó particularmente doloroso para Neruda debido a su constante fervor por colaborar con la causa de la revolución cubana. Desde entonces, nunca volvió a visitar la isla, a pesar de recibir una invitación en el año 1968.

Luego de la muerte de Ernesto “Che” Guevara en Bolivia, ocurrida en 1967, Neruda escribió varios artículos lamentando la pérdida de un “gran héroe”, aunque enjuició el arriesgado espíritu del Che durante los últimos años.

 

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