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| Neruda en una sala de radio |
Escrito por Marisa Martínez Pérsico
SU PASO POR MÉXICO
El siguiente cargo diplomático que obtuvo Neruda fue el de cónsul en Ciudad de México, entre los años 1940 y 1943.
Mientras residía en tierras mexicanas se divorció de Hagenaar, contrajo matrimonio con Delia del Carril y le informaron que su hija de ocho años había muerto durante la ocupación nazi de Holanda, como consecuencia de sus numerosos problemas de salud. También se hizo amigo de Vittorio Vidali, el asesino de Stalin.
Luego del asesinato fallido perpetrado contra León Trotsky, Neruda tramitó una visa chilena para el pintor mexicano David Alfaro Siqueiros, acusado de ser uno de los conspiradores.
Más tarde, Neruda adujo que lo había hecho a pedido del entonces presidente mexicano Manuel Ávila Camacho. Esto le permitió a Siqueiros –por entonces encarcelado– exiliarse de México e instalarse en Chile, permaneciendo en la residencia privada de Neruda.
La amistosa relación de Neruda con Siqueiros transformó al poeta en un intelectual duramente criticado –se lo acusaba de haberse aliado a un asesino– pero Pablo alegó que tales acusaciones se debían a un hostigamiento político-literario de carácter sensacionalista.
DE VUELTA A CHILE
Pablo Neruda regresó a Chile en el año 1943. De camino pasó por Perú, donde visitó las ruinas de Macchu Picchu. La austera belleza de esta ciudad inca le inspiró la escritura de “Alturas de Macchu Picchu”, un poema que posee la extensión de un libro, dividido en doce partes. Concluyó su redacción en el año 1945.
Cabe destacar el profundo impacto que esta visita al Perú tuvo en su escritura. El viaje cautivó completamente su interés por las civilizaciones antiguas de América, tópico que desarrolló exhaustivamente más tarde en su Canto General.
En este trabajo, Neruda celebró la belleza del Macchu Picchu pero también condenó la esclavitud que lo había hecho posible. En el canto XII, por ejemplo, invitó a las víctimas de tantos siglos de opresión a que nacieran nuevamente y hablaran a través de su pluma.
Martin Espada, poeta y profesor de escritura creativa de la Universidad de Massachusetts, ha calificado este trabajo de “obra maestra”, declarando que no existe un manifiesto político más eficaz ni artístico que el nerudiano.
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