Neruda y el Stalinismo

Pablo Neruda en los '40

Escrito por Marisa Martínez Pérsico

DE RAIGAMBRE SOCIALISTA

Alentado por su experiencia durante la Guerra Civil Española, Pablo Neruda –al igual que muchos otros intelectuales de tendencia izquierdista– admiraron la Unión Soviética de Joseph Stalin, gracias al papel que desempeñó en la derrota de la Alemania nazi.

Fruto de esta afinidad fue la escritura de sus poemas Canto a Stalingrado (1942) y Nuevo Canto de Amor a Stalingrado (1943). En el año 1952, el poeta chileno recibió el Premio Stalin de la Paz.

Cuando ese mismo año murió su héroe, Neruda le escribió una oda, así como durante la Segunda Guerra Mundial le había dedicado una alabanza a Fulgencio Batista y más adelante a Fidel Castro.

Su ferviente stalinismo lo unió amistosamente a Octavio Paz. Sin embargo, después del pacto 1939 de Ribbentrop-Molotov, Paz se distanciaría de esta tendencia ideológica, alejándose también de Neruda, a quien no dejó de reconocer por su calidad literaria.

Neruda también calificó a Lenin como “el gran genio de este siglo”. Su discurso del  5 de junio de 1946 es un tributo al último líder soviético Mikhail Kalinin, que para Neruda era un “hombre de la vida noble”, “el gran constructor del futuro” y “un camarada erguido en lo brazos de Lenin y Stalin”.

Neruda, más adelante –luego del famoso discurso de Nikita Khrushchev de 1956 en el que denunció el “culto de la personalidad” que rodeó a Stalin, acusándolo de diversos crímenes– reconoció en sus memorias “que había contribuido en alimentar ese pérfido culto personalista”.

SU VISITA A CHINA

Posteriormente, Pablo Neruda visitó China, en el año 1957, y comparó el culto personalista de Joseph Stalin con el de Mao Tse. El poeta expresó que el verdadero líder del proceso revolucionario chino no había sido Mao Tse-Tung, sino el Mao Tse-Tungismo, al que denominó “Mao Tse-Stalinismo” por rendir culto a una especie de “deidad” socialista.

A pesar de su desilusión con Stalin, cabe destacar que Neruda jamás perdió su fe esencial en el comunismo y siguió siendo leal al partido. Como quería evitar ofrecerle argumentos en su contra a sus enemigos ideológicos, rechazó públicamente la condena por la represión de escritores soviéticos disidentes como Boris Pasternak o José Brodsky. Sin embargo, esta actitud fue reprochada incluso por algunos de sus más fervientes admiradores.

 

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